Archivo de la categoría: 2003

Don DeLillo – Porque la crisis viene de hace mucho

“-El futuro es siempre una totalidad, una igualdad absoluta. Allí todos seremos altos, fuertes, felices -dijo ella-. Por eso fracasa el futuro. Siempre fracasa. Nunca podrá ser ese lugar cruelmente feliz en que aspiramos a convertirlo.

Alguien arrojó una papelera contra la ventanilla posterior. Kinski hurtó el cuerpo sólo un ápice, inmediatamente al oeste, pasado Broadway, los manifestantes habían erigido barricadas de neumáticos en llamas. En todo momento, en todo lugar parecía existir un plan rector, una meta. La policía lanzaba balas de goma en medio de la humareda, que ya ascendía por encima de los carteles publicitarios. Otro policía se hallaba a escasos metros, ayudando al equipo de seguridad de Eric en la protección del automóvil. No supo qué sentir a ese respecto.

-¿Cómo sabremos cuándo habrá llegado oficialmente el final de la era de la globalización?

Aguardó la respuesta.

-Cuando las limusinas extralargas comiencen a desaparecer de las calles de Manhattan.

Unos hombres orinaban contra el automóvil. Las mujeres lanzaban botellas de refrescos rellenas de arena.

-Esto es una muestra de ira controlada, diría yo. Pero me pregunto qué sucedería si supieran que el mandamás de Packer Capital se encuentra a bordo del automóvil.

Ella lo dijo con maldad, encendidos los ojos. Los ojos de los manifestantes resplandecían entre los pañuelos rojinegros con que se cubrían la cabeza y se tapaban la cara. ¿Los envidiaba? En las ventanillas blindadas a prueba de balas se pintaban grietas finas como un cabello, y tal vez pensó que le gustaría estar ahí fuera, destrozándolo todo.

-Toda esa gente trabaja para ti. Actúan de acuerdo con las condiciones contractuales que impones -dijo ella-. Si te matan, será sólo porque tú lo has permitido, con tu arrobada reticencia, como forma de subrayar una y mil veces la idea de que todos estamos a las órdenes de alguien.

-¿Qué idea es esa?

El bamboleo fue a peor. La observaba seguir los bandazos de su vaso de lado a lado, antes de dar un trago.

-La destrucción -dijo ella.

En uno de los monitores vio figuras que descendían por una superficie vertical. Le costó un momento entender que bajaban en rappel por la fachada del edificio de enfrente, donde estaban situados los visualizadores digitales del mercado de valores.

-Ya sabes lo que siempre han creído los anarquistas.

-Sí.

-Pues dímelo -dijo ella.

-El afán de destruir es un afán creador.

-Ése es también el sello distintivo del pensamiento capitalista. La destrucción forzosa. Es preciso eliminar sin contemplaciones las industrias anticuadas. Hay que reclamar a la fuerza nuevos mercados. Es necesario reexplotar los mercados anticuados. Destruyamos el pasado, construyamos el futuro.”

Cosmópolis (2003)
Don DeLillo
Ed. Seix Barral
Págs. 112-114
Cuando uno lee este fragmento en los tiempos que corren, insertos en la crisis económica más dura de la historia, con los hombres de negocios y sus secuaces siguiendo aquella conocida máxima de “coge el dinero y corre” -como mencioné en aquel iracundo post-, uno se alegra, pese a su conocido carácter pacífico, de ver que a veces hay quien también escribe reacciones violentas contra el poder establecido. Bancos ardiendo, multitudes tomando la calle, asaltos a las sedes de las principales empresas, ataques a las limusinas que inundan Manhattan… un escenario que parece cada vez menos lejos de la realidad.Pero claro, eso no pasará. Los mecanismos del sistema todavía mantienen su poder aletargador para evitar manifestaciones de ira colectiva.

Aunque, bueno, la dirección de momento parece la correcta. Algunas pistas para la reflexión.

En pleno centro de Pamplona, la rica, rancia y conservadora ciudad donde vivo, me he encontrado esa foto que pongo encima. “Abajo los bancos, arriba el sexo”, dice. ¿Será obra de un graffitero que ha mostrado su desencanto sobre el sistema? Eso quiere parecer, pero a mí no me cuadra mucho. Es raro esta pintada a unos veinte metros de El Corte Inglés. Me da a mí que nos están engañando, que los intereses del autor de esa pintada son más espúreos. O sea,que es una treta comercial. Quizás como la Cocacola en su entrañable y vomitivo anuncio del viejito de 102 años. Pese a las casi seguras dobles intenciones del autor de la pintada, vamos a sacar algo positivo. Algún estudioso del marketing, en su afán por vender, se ha dado cuenta de que la gente enfoca su odio hacia un objeto determinado: los bancos. Es un dato.

Después uno mira este vídeo de youtube, donde aparecen unos activistas tirando bolas de nieve a ejecutivos de un banco británico y piensa… uy! pues algo más cerca estamos de que la gente despierte. De momento, esa manifestación se ha quedado en lo simbólico, en un inocente jugueteo que sólo quiere hacer patente el enfado de la sociedad. Cierto, pero otra vez muestra el destino de nuestra ira: el sistema financiero.

¿De ahí a que la descontrolemos -la ira, me refiero- cuánto queda? Don DeLillo publicó Cosmópolis en ¡2003!. Entonces todo iba bien en el mundo y la economía. Vivíamos como reyes -nosotros los primermundistas, todo hay que decirlo-. Y entonces ya supo dibujar una situación de clases medias venidas a menos rebelándose contra los ricos y poderosos, atacando virulentamente sus posesiones, asesinando banqueros y empresarios. ¿Cómo pudo imaginar este escenario? ¿Es DeLillo un profeta? ¿Irán las cosas tan a peor que llegaremos a ese extremo?