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Edgar Hilsenrath – Fuck you all

Por las noches soñaba con Mary Stone. Escuchaba sus palabras: «¡Quien cree en sí mismo tiene el mundo a sus pies!». -«Quien irradia amor es hermoso». -«El que ama no necesita mirarse al espejo para contarse las arrugas». -«Escoja al compañero adecuado, y no tendrá problemas de pareja». -«Deje pasar una o dos noches antes de tomar una decisión importante». -«Si le cuesta comunicarse, no le eche la culpa a los demás». -«Vista siempre bien». -«Intente comer sano». -«Evite todo tipo de estrés». -«Tenga en cuenta que la vida es corta». -«Si su coche le irrita, cámbielo, y si no le gusta su trabajo, búsquese otro». -«Al menos una vez al día, intente reírse con todas sus fuerzas». -«Vigile las buenas digestiones». -«Procure no fumar demasiado». -«Respire profundamente varias veces al día, incluso si está puesto el aparato de aire acondicionado». -«Cuando su estómago esté alterado, tranquilícelo con el método Mary Stone». -«Piense en algo bonito. Así no tendrá que tomar Alka-Seltzer». -«No titubee con su destino. Muéstrese alegre y sin miedo. Si alguna vez no le funciona, entonces piense en todas las pobres personas que no tienen la suerte de vivir -como usted- en este hermoso país. Dios quiere a América, porque América es su campo de labranza, un campo sagrado que recompensa a los hombre y mujeres de éxito con todo su amor. Si fracasa, no culpe a la tierra de Dios, sino a usted mismo. Pregúntese. ¿Qué me ocurre? ¿Dónde está la confianza en mí mismo? Aquí todos tenemos una oportunidad. Busque la llave del éxito en usted mismo. No se desanime. Pues está escrito: ¡Quien busca, encuentra!».

Fuck America
Edgar Hilsenrath

Me ha gustado Fuck America. La verdad es que era de esperar, pues venía avalado por mi librero, que rara vez falla. Pero aún y todo me he sorprendido. Intentaré explicar por qué.

Ya de entrada el título es, cuanto menos, impactante: Fuck America. Y además viene acompañado de una llamativa portada, con la chica-cíclope de piernas largas que levanta el dedo corazón enfundada en un vestido estampado de barras y estrellas. Una macarrada, vamos. El complemento perfecto para ese chico cultivado, rompedor y sin complejos que pretendo que vea el mundo en mí.

Así que me dispongo a cultivarme, y como lo primero es lo primero, me paseo por los lugares más concurridos de la ciudad. Trato de encontrarme con cuantos más conocidos, mejor, y enseño de forma casual la portada para que vean cómo molo. Tras una tarde de exhibicionismo puedo dar por cumplida la misión.

Una vez que he recibido toda la grandeza social esperable me aventuro a abrir sus páginas por si lo de dentro también merece la pena. Leo la biografía del autor: el señor Edgar Hilsenrath es un judío que sobrevivió al holocausto. Chachi.

Después leo la sinopsis, con el erudito fin de plantear un adecuado pacto de lectura. Dudo si pegarme un tiro.

¡El libro trata sobre un escritor judío que sobrevive al holocausto! ¡Qué original! ¡Mi librero me ha colado a otro tío cabrón amargado y lleno de odio que escribe OTRO libro sobre el tema más paginado de la humanidad!

Como no tengo nada más a mano, y me aburren los autobuses, empiezo a leerlo desde la última fila de asientos.

Al llegar a la parada, sigo leyendo mientras camino por la calle. Me la pego con dos farolas y con una señora que pasea a su perro. No saludo a mi vecina, la guapa. Rechazo un polvo con mi novia. Al día siguiente no quedan letras que meterse entre pecho y espalda y tengo sueño, pero estoy contento.

Como no he contado nada sobre el libro, sólo que me ha gustado, diré que Fuck America, pese a su título, es un libro muy positivo y buenrollista que anima a cualquiera a creer en la bondad del mundo. No hay más que ver el extracto que pongo arriba. ¿Que no os lo creéis?, aquí os dejo otro fragmento.

-¿Qué ocurre con los transportes?
-No mucho. La gente monta en el tren y toma una dirección.
– ¿Qué dirección?
-¡Aquélla! -me indicó.
-¿Todos en la misma dirección?
-Todos en la misma dirección.

Me dije: si todos van en la misma dirección, entonces todos llevan al mismo destino. Así que sólo tienes que esperar al próximo transporte de judíos. Te subes al tren con ellos y vas en busca de tu madre. En la misma dirección. La encontrarás así de fácil.
Y así fue: cuando llegó el siguiente convoy de judíos, me subí en el tren con ellos. Atrancaron las puertas y nos pusimos en marcha. Viajamos un día y una noche. Después llegamos al destino.

Las puertas se abrieron de par en par. Los soldados nos sacaron del vagón a golpe de látigo. Quería preguntarle a uno de ellos si había visto a mi madre, una mujer en una silla de ruedas, pero no tuve oportunidad. nos acosaban con perros que ladraban mientras atravesábamos la puerta del campo.
Como aparentaba ser más joven de lo que era, es decir, menos de catorce años, enseguida me destinaron a las cámaras de gas. Me obligaron a desnudarme y a ponerme en una larga fila frente a la cámara.

Nos apretaron en la cámara de gas. Cuando la puerta de la cámara de gas se cerró, le pregunté a un hombre que estaba detrás de mí: ¿ha visto usted por casualidad a mi madre, una mujer en una silla de ruedas?

Repetí mi pregunta. Pero en ese momento comenzó a faltarme el aire, empezamos a toser y nunca obtuve una respuesta.

Post data: recupero esta entrada sobre un libro que se publicó en España en 2010, gracias a Errata Naturae -aunque en Estados Unidos lo habían conocido desde 1980- por una razón concreta. El pasado martes, 15 de marzo, pasaron por el foro de Auzolan los editores de Errata Naturae (Rubén Hernández) y de Alpha Decay (Ana S. Pareja). El primero de ellos habló sobre todo de Fuck America. La otra chica, sobre todo, de Las teorías salvajes, libro que apareció aquí comentado el pasado lunes. Prometo, por cierto, contar algo sobre aquella charla, que fue muy interesante

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