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Julián Rodríguez – Que alguien me devuelva la lírica

“La noche anterior fui a ver al Muerto.Lo habían trasladado a la habitación 202: sólo una cama estrecha con mil botones en su cabecero. Y el gotero a un lado. Y al otro, una máquina provista de una pantalla digital.

En realidad el Muerto aún no había muerto, pero ya lo estaban enterrando: a la puerta de la habitación hablaban del nicho, de las coronas de flores, de cuánto costaría todo aquello.

Al Muerto, calcularon, le quedaban siete días de vida. Suficientes para crear el mundo, pensé.

Él no sabía que iba a morir, nadie se lo había dicho. Aunque podía esperárselo: había adelgazado treinta kilos y su piel tenía un color amarillento. Y su barriga era lo único terso, tirante como la de una embarazada, en todo aquel cuerpo. Y tartamudeaba: las palabras iban y venían por su boca y por sus fosas nasales: un airecillo que olía a agua sucia. Dentro de él, había dicho el cirujano después de coserlo, estaba todo podrido.

No podemos hacer nada, prometió.

Una promesa fácil de cumplir.”

Ninguna necesidad (2006)
Julián Rodríguez
Me imagino que, cuando Julián Rodríguez terminó el libro, pensó: ahí queda eso.

Ninguna necesidad es un libro que cuenta una semana de espera: los siete días que los médicos han dado al amigo que agoniza en el hospital. Pero lo hace sin mencionar ese drama irrespirable, sin buscar la empatía ni la pena del lector. Por momentos parece que pajarea, que baila sobre historias poco importantes, historias que rodean al meollo del libro, lo rozan discretamente y pasan de largo. Y sin embargo, nos va atornillando página a página una sensación de angustia que no explota hasta que leemos la última línea.

Julián Rodríguezaquí un enlace a su blog- es uno de esos escritores que escriben para sí mismos. No está pendiente de qué pensarán sus lectores ni de ser el más ingenioso. Arroja conceptos fríos, descarnados, sin adornos. Los deja, como brasas ardiendo sobre las manos abiertas y desnudas, y se va. Supongo que entonces piensa: ahí queda eso.

Todos los que leemos tenemos que tocar un día a Julián Rodríguez. La propuesta es novedosa y efectiva. Y lo mejor es que no lo hace como aquellos que buscan la divinidad o liderar una generación. Son sólo letras y el ansia de ir más allá.

Esta historia, que ganó el Premio Ojo Crítico de Narrativa en 2006, es una de las que componen el libro Lo improbable y otras novelas, de la editorial DeBolsillo. Las otras dos, igual de breves, austeras y brutales, son Lo improbable y La sombra y la penumbra.

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