Archivo de la categoría: África

J. M. Coetzee – ¿Por qué no escuchan?

Él no entiende por qué las ovejas aceptan su destino, por qué en lugar de rebelarse van dócilmente hacia la muerte. Si los antílopes saben que no hay nada peor en la tierra que caer en las manos de los hombres y luchan por escapar hasta el último aliento, ¿por qué son las ovejas tan estúpidas? Son animales, después de todo, poseen los finos instintos de los animales: ¿por qué no escuchan los últimos balidos de la víctima tras el cobertizo, olisquean su sangre y toman nota?

Infancia
J. M. Coetzee (1998)

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Naguib Mahfuz – Las dudas sobre las que se mueve el mundo

“-Papá…

-¿Qué?

-Yo y mi amiga Nadia siempre estamos juntas.

-Claro, mujer, porque es tu amiga.

-En clase… en el recreo… a la hora de comer…

-Estupendo… es una niña buena y juiciosa.

-Pero en la hora de religión yo voy a una clase y ella a otra.”

Jardín de infancia
Naguib Mahfuz

Con estas palabras empieza el trepidante relato de Naguib Mahfuz, Jardín de infancia. En un diálogo sin acotaciones, se suceden una serie de preguntas y respuestas que se leen de manera fugaz, pero que necesitan ser pensadas despacio. El recurso puede parecer manido: la niña que pone en aprietos al padre; pero el resultado pone sobre la mesa toda la cuestión religiosa. A mí, personalmente, esa cuestión me pone de muy mala leche, algo que al mundo lógicamente le da igual; pero es que son demasiados siglos de guerras, injusticias, muertes, odio y problemas innecesarios.

El escritor egipcio Naguib Mahfuzaquí enlace a la wikipedia- es el único escritor en lengua árabe que ha ganado el Premio Nobel de Literatura. Fue en 1988. Seis años después, unos extremistas de esos que abundan en todas las religiones le hirieron en el cuello. Tenía 85 años. Era musulmán practicante, pero le habían considerado hereje. A su lado, a mí me deben de considerar el mismísimo demonio. Asustadito me tengo de lo malo que soy.

Bueno, en este relato, Mahfuz hace de una inocente conversación doméstica un inolvidable tratado de tolerancia. Para los que quieran terminarlo, dejo aquí el link al relato completo -cortesía de Ciudad Seva-, que es breve y acelerado, pero debe leerse despacio. Por favor, obispos, muyahidines y gobernantes iluminados: échenle un vistazo.

Cada vez que oigo hablar de religión, crímenes en nombre de Dios, o extremismos musulmanes o cristianos, me viene a la cabeza una estrofa de Silvio Rodríguez que canto a gritos cada vez que suena:

“Hay que quemar el cielo si es preciso
por vivir
por cualquier hombre del mundo
por cualquier casa.”