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Tobias Wolff – Sobre militares y gays

“-¡Oye! -dice Lewis. Aquello le sienta bien-. Ya me gustaría habérmelo puesto antes.

La piel ardiente traga la loción. El profesor vierte más, directamente del frasco, en el dorso de la mano de Lewis. Lewis se echa hacia atrás y cierra los ojos. El cuarto está fresco, y azulado. Fuera canta un jilguero, uno de los tres pájaros que el profesor puede identificar. Frota con la loción la mano de Lewis, notando que el calor desaparece poco a poco; los movimientos de su propia mano son circulares y rítmicos. Al cabo de un rato se olvida de lo que está haciendo. Se olvida del estómago que siempre le duele, se olvida de los niños y niñas a los que da clase y que parecen destinados a convertirse en unos brutos y unas guarras, se olvida de su odio a la casa y de su miedo a estar en otro sitio. Se olvida de la sensación de estar absolutamente solo.

Lo mismo le pasa a Lewis.

Luego el cuarto está silencioso y gris. El profesor no tiene ni idea de cuándo dejó de cantar el pájaro. Baja la vista hacia donde su mano y la de Lewis están unidas, con los dedos entrelazados. Al fin Lewis está quieto. Respira tan pacífica y regularmente que el profesor cree que está dormido. Entonces ve que Lewis tiene los ojos abiertos. Hay en ellos un leve resplandor de luz.

El profesor suelta su mano de la mano de Lewis.

-Tengo que admitir que este producto es muy bueno -dice Lewis-. Debería ir a comprarme un frasco.”

Ladrón de cuarteles (1984)
Tobias Wolff

Desde que me di cuenta, en la pasada entrada, de mi machismo cultural algo ha cambiado en mí, y por tanto en mi blog. Entró Amélie Nothomb de forma elogiosa, leo a Patricia Highsmith como me recomendaron por ahí -lo siento, la recomendación que se me hizo sobre leer a Murakami no la voy a recoger por el momento, creo que queda explicado al leer aquí– y ahora me lanzo con una entrada sobre gays. Al final, de parecer un hincha de la selección española de fútbol voy a pasar a hacer un blog rosa. Lo que cambian las cosas.

La historia que nos cuenta Tobias Wolff no se puede considerar rosa en sí misma, pero sí el pasaje que he extraído. ¿Por qué? Porque Lewis es un militar bastante violento y díscolo, un macho con dos cojones -como yo hasta la semana pasada-, que de repente se ve atraído por un afeminado profesor de escuela del que se habría reído sin parar en otro momento. No sigo contando para no pasarme con los spoilers -que ya son bastantes-, y porque quiero que alguien coja el libro de la biblioteca y comente sus opiniones. Merece la pena, que las bifurcaciones de la trama son numerosas, pero lo que más impresiona de esta historia es su estructura. Voy a tratar de explicarla.

Las primeras páginas están dedicadas a presentar a una persona que no es Lewis. Nos relata parte de su vida en la ciudad hasta que entra en el ejército. Allí, conoce a algunos compañeros que están en su misma situación de reclutas novatos. Uno de ellos toma de repente el protagonismo en la historia. No sabemos nada de él y de repente es el centro. Parece una ramificación del argumento después del cual volverá al personaje principal, pero no ocurre así. Lo mejor es que luego entra en escena Lewis, el compañero más arisco del cuartel, y el foco se queda con él para el resto de la novela. No volvemos a saber del primer protagonista, algo que, cuando menos, se hace bastante extraño.

Me explico: si yo quiero contar la historia de Lewis lo normal es que me centre en su vida, cuente luego los hechos que interesan y aporte o no alguna conclusión. Clásica tarea de contador de historias enteras, que luego se rompen en pedacitos y se reelaboran para formar una estructura que obligue a pensar al lector y por tanto llegue a él. O sea, si quiero contar la historia de Lewis no pienso en la vida pasada de su compañero de cuartel, como hace Tobias Wolff enLadrón de cuarteles, sino en la del propio Lewis. En una primera lectura da la impresión de que el autor empezó a escribir sobre un protagonista sin saber muy bien adónde le llevaría la historia, luego se fue por las ramas y, al ver que eran más interesantes, decidió no volver.

O sea, que deja una sensación un tanto extraña. ¿Por qué me ha gustado, entonces, si aparentemente es tan poco correcta? Porque pese a la desorientación que me crea, creo que es la única forma en que podía contarse esta historia, aunque dicha manera esté en contra de todo lo que académicamente se considera correcto. Además, me parece un libro sólido y con un enorme poso para la reflexión, tanto por lo comentado anteriormente, como por las repercusiones morales y narrativas que plantea. Este aspecto, el remanente intelectual que deja una historia, es algo que sólo se puede averiguar conforme pasa el tiempo, dejando la distancia necesaria y sumando otras lecturas para ver si ocupan su hueco. Leí este libro hace poco más de un año, han caído muchos más después, y sin embargo no desaparece esta historia cuando me planteo cuáles son las que más me hacen pensar.

 

“Terminan los avances y empiezan los dibujos animados, una película de Tom y Jerry. Cada vez que el gato choca contra una pared o mete el rabo en un enchufe de la luz, Lewis se parte de risa. De vez en cuando le chilla advertencias al gato. La pareja de delante de él se cambia de sitio. Los dibujos animados que vienen después son de Goofy. Una mariposa escribe los títulos de crédito, volando de un lado de la pantalla al otro.

Mariposa, mariposones – dice Lewis.

Cuando oye la palabra se le encoge el estómago. Se levanta y sale. Se detiene un momento debajo de la marquesina, sólo para respirar a fondo, y luego corre acera abajo en la dirección que tomó el descapotable, apartando a la gente de su camino sin miramientos. Corre tres, cuatro, cinco bloques hasta donde termina el centro. Los ojos le pican por el sudor que les ha entrado y tiene la camisa empapada. Se saca el frasco de loción de calamina del bolsillo y lo tira a la calzada. Se hace pedazos.

– Yo no soy un mariposón -dice. Mira pasar los coches un rato, cerrando y abriendo los puños, luego da media vuelta y se dirige a Fayeteville en busca de una chica.”


Me gustaría que si alguien lo ha leído comentara su opinión. Y si no aparece nadie que lo haya hecho, os animo a ello. Es es un libro cortito, de menos de cien páginas, y que forma parte de estas novelas del típico realismo americano, ese que no necesita traducción simultánea ni erudición máxima para comprenderlo. No os costará mucho esfuerzo, así que, esta vez la petición es en firme, leedlo y haceos presentes, queridos lectores de mi nuevo blog rosa.