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Cortázar en alto

Ayer hubo lectura pública de cuatro cuentos de Julio Cortázar.

Dos actores argentinos prestaron la voz a los relatos, por aquello de entonar como lo habría hecho el propio autor; y tuvieron la delicadeza de leer despacito, como se debe escuchar.

La verdad es que no soy muy fan de estos actos que tienen más de ritual que de literatura, esos en que la gente pone cara de iluminación y hace como que se eleva a las alturas; pero he de reconocer que ayer se creó un ambiente muy majo. Quizás es porque somos muchos los que acudimos a todos estos eventos y nos hemos terminado por conocer, o también en parte por la calidad humana de los organizadores -la librería Auzolán-, o por la capacidad de convocatoria de un Roberto Valencia que se ha convertido en referencia de la vida cultural de Pamplona. Seguramente fueron todas estas causas las que concurrieron para pasar un rato tan agradable.


Hay que agradecer la iniciativa al Foro de Auzolán (punto de irradiación cultural). Pongo el subtítulo -punto de irradiación cultural- porque me encanta.

Os dejo el link a uno de los relatos que se leyeron ayer, pero tenéis que seguir estas instrucciones:

  1. – Leerlo en voz alta
  2. – Despacito, pararse en cada punto y coma
  3. – Imitar el acento argentino (para los que les salga mal, que lo hagan cuando nadie les oiga)

Dentro de dos martes, Roberto Valencia ofrece una charla sobre los libros de su tocayo Bolaño. Intentaré terminar 2666 para entonces e ir con algo de trabajo previo hecho.

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Javier Sáez de Ibarra – Literatura para entender mejor el mundo

Javier Sáez de Ibarra escribe para cambiar el mundo.

Cuando lea esto, dirá, “¡no, yo no dije eso, yo dije que NO esperaba cambiar el mundo!”. Es verdad, dijo lo contrario: “Yo no escribiría nunca para cambiar el mundo”. Pero no me lo creo y el blog es mío, así que voy a darme la razón, que es lo que se hace básicamente en la blogosfera. Creo, para ahondar en la reflexión, que Javier también es un amante de los titulares descontextualizados, y éste me ha salido redondo.

También dijo que “el mundo podría ser maravilloso, y en cambio es un lugar lleno de conflictos”. Igual se le escapó, qué sé yo, pero sigo sin creer que no escriba para cambiar las cosas. Porque si no es así, a ver, ¿cuál es el motivo que hace que le entren esas repentinas e intermitentes ganas de escribir? ¿Por qué, después, iba a dedicar tanto tiempo a reflexionar sobre lo escrito? ¿Por qué corregirlo y reconstruirlo para dejar claro el mensaje? ¿Y por qué, mucho después, compartiría dos horas de charla, más otras cuantas de cena hasta la madrugada, con un grupo de aficionados a la lectura de una pequeña ciudad de provincias?

Insisto, el autor de Mirar al agua nos dijo que no pretende cambiar el mundo. Esas fueron sus palabras. Luego transcurrieron los minutos y bajó la guardia. Al final, con una sonrisa, reconoció: “Bueno, si acaso un poquito…” Mi conclusión: sí, Javier, escribes para cambiar el mundo. Y los que te hemos leído lo agradecemos.

En su afán por no cambiar el mundo, Sáez de Ibarra cuenta historias desde ángulos donde nunca antes habíamos mirado, relatos con cargas de reflexión maduradas durante años, cuentos que no dejan indiferente, de esos que obligan a pensar en si todo lo que conocíamos, si el mundo en el que vivimos, es realmente así.

Ya lo había avisado en otro post: el pasado viernes, en la fundación Patxi Buldain de Huarte (Navarra), Javier Sáez de Ibarra visitó a los alumnos del taller estable de escritura creativa. Una breve acotación: el taller empezó a funcionar hace sólo dos años, de la mano de Roberto Valencia y la propia fundación, pero ya empieza a dar frutos -de próxima aparición en el blog- y, sobre todo, se está convirtiendo en un importante referente literario de la vida cultural de la ciudad. Falta le hacía a esta plana Pamplona.

Vuelvo a la charla del viernes, que allí se habló de muchas cosas. Mucho sobre el trabajo del escritor, lo que a la postre más interesaba a la concurrencia. Escribir, corregir, dejar en el cajón a que madure, releer, reflexionar, poner y quitar, reescribir… publicar, no publicar: “Durante un tiempo, los cuentos que yo escribía no salían a la luz, pero me ayudaban a pensar”, explicó. Relató, además, manías personales que prefiero dejar en el off the record de la charla -una por otra, ¿no?-.

También citó sus referencias: Borges, y su teoría de que “la escritura nunca se termina, sólo se interrumpe”; o Kafka, o Allan Poe y su mundo siniestro; o la poesía de Lorca; o el realismo de Aldecoa. Escritores que tampoco querían cambiar el mundo.

Sobre todo, de lo que más se habló aquella maravillosa noche, fue de relatos. De cuentos y de la carga de reflexión que llevan dentro.


También hubo quejas por la falta de respeto con que la industria editorial, los lectores y los propios críticos tratan al relato. “No se juzga igual un libro de relatos que uno de poesía o una novela”, se lamentó el escritor. Juan Casamayor, el director de la editorial especializada en relatos Páginas de Espuma, acompañó a Sáez de Ibarra y aportó una apasionada defensa del cuento como género literario. Grata sorpresa, también, encontrar a un hombre de empresa cuya pasión sea el producto, por encima de su rendimiento comercial. “Estamos terminando con la falacia de que el cuento no vende”, dijo Casamayor, y espero que así sea. Por sus bolsillos y por el futuro de los que leemos para mejorar las cosas.

Todos los que compartimos charla y cena quedamos encantados y agradecidos.

Del libro, Mirar al agua, y de lo que sobre él se dijo hablaré otro día, que éste me he quedado sin espacio. Mientras tanto, os recomiendo que lo leáis y así, cuando toque, llenamos el blog de comentarios.

Hoy nos visita…

Será este viernes, en la sede del Taller de Escritura de la Fundación Patxi Buldain de Huarte (Navarra).

Javier Sáez de Ibarra acaba de sacar un libro de relatos, Mirar al agua, que es lo único que he leído de este autor vitoriano. Eso de momento, porque las expectativas que ha creado son inmejorables.

Soy muy aficionado a los relatos, los disfruto. Sobre todo me gustan aquellos que revientan mis convicciones, los que me hacen darme cuenta de que los juicios rápidos y la vehemencia no son muy sabios y me harán derrapar, como tantas veces me ocurre.

Éste es uno de esos libros, uno de los que te hacen dudar, plantear opciones, pensar de otra manera y desconfiar de las propias opiniones. Me ha parecido genial. También a los miembros del jurado del I Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero, que lo reconocieron como ganador de forma unánime.

Relatos sobre arte, o sobre obras artísticas, o sobre arte contemporáneo, o sobre qué hacer con el arte contemporáneo, o sobre cómo crear un mito a partir de la nada y decir que es arte contemporáneo, o sobre cómo mirar el arte contemporáneo, o sobre cómo empezar a ver algo más que manchas y desorden en el arte contemporáneo. No esperéis fórmulas mágicas, ni un manual de uso. Son historias corrientes que duelen, gustan y nos sirven para aprender a mirar, a Mirar al agua.

Tengo unas ganas locas de que venga este escritor, porque desde que leí sus relatos y discutimos alguno de ellos en el taller se me ha quedado una especie de hueco en blanco en mi capacidad de interpretación, como una ligera nebulosa de dudas, que espero que él me pueda aclarar. Joder cómo pegan estos porros. Perdón, estos cuentos.

El sábado contaré qué tal fue la visita. Del libro ya hablo otro día, cuando pueda hacerlo con la profundidad, conocimiento y dedicación que sin duda se merece.

Sobre las mentiras del 11-M

Ricardo Menéndez Salmón

Foto: Iban Aguinaga
El corrector, el libro con el que Ricardo Menéndez Salmón cierra su trilogía sobre el mal, tratará sobre los atentados del 11-M en Madrid y sale a la venta el 17 de febrero. El lunes estuvo de visita en la Universidad Pública de Navarra, el autor, y desveló algunas líneas del libro que da la impresión de que van a ayudar a revivir polémicas hoy enterradas.

No espero, de todas maneras, un acercamiento histórico a la cuestión. Sería desconocer la trayectoria del autor. Espero, más bien, finas reflexiones sobre algunos aspectos de aquellos atentados que, como agujas de acupuntor, nos hagan sentir rabia, asco, miedo, odio… nos hagan sentir, a secas, habilidad que Menéndez Salmón se empeña en compartir libro tras libro.

Como adelanto, acerco unas perlas que nos soltó en la charla.

Sobre El corrector:

1.- “Trata sobre una de las formas en que se presenta el mal: la mentira.” O sea, que va a tratar sobre las mentiras de un gobierno que, con el sucio fin de aferrarse al poder, pretendió sumir al país en un pozo informativo distinto de lo que la realidad impuso finalmente. “Pretendo hablar sobre otro tipo de mal, el mal de la manipulación política”, extendió.

2.- “El corrector es una novela intimista con ciertos momentos de autobiografía”. Menéndez Salmón se ganaba la vida como corrector de textos. “De todo tipo”, explicó con cierta ironía sobre los textos que corregía. Por eso lo del título, El corrector, y de ahí el inicio de la novela: cómo él vivió aquel día imborrable en la historia del país. “Contará, en cierta manera, cómo viví yo aquellos en mi oficina”.

3.- “No pretende ser la gran novela sobre el 11-M en España, no tiene nada que ver con El hombre del salto, de Don DeLillo”, aclaró, por si algunos pensaban que Menéndez Salmón transmutaría su estilo, dejaría de lado el simbolismo y la fantasía y se convertiría en un biógrafo social.

En La ofensa habló sobre la guerra, en Derrumbe sobre el miedo y en El corrector lo hará sobre la mentira. Tres de las manifestaciones del mal, según el autor de la saga. Yo espero con ansia el tercero para ver si cumple con lo que se espera de él.

Ricardo Menéndez Salmón no tiene pelos en la lengua, le gusta meter el dedo en la llaga y hurgar hasta tocar hueso. O hasta que le devuelvan el puñetazo. De momento, cuenta con la ventaja de que la cultura literaria en España es más bien discreta, y se circunscribe a ciertos best-sellers políticamente intachables. De esta manera escribir puede hacer el mismo daño que enviar un mensaje en una botella al océano.

Pero Menéndez Salmón ya no es un desconocido, un autor novel. La próxima será su sexta novela, más dos libros de relatos y unos cuarenta premios literarios en su haber. Ahora la botella es más fácil que encuentre su destino y el mensaje llega adonde no se quiera oír. Y será polémico. Y saltarán las huestes de la mentira y la manipulación a por él.

Por lo menos eso espero, que salten, que le den toda la publicidad que merece su habilidad literaria.

Algunas otros temas de los que habló.

Literatura

– Sobre calidad en la literatura. “Pretendo escribir buenos libros”
– Ciencia ficción. “Casi todos los autores actuales escriben novelas de corte cercano al realismo”. Es muy difícil, según Menéndez Salmón escribir ahora novelas de ciencia ficción. Los avances llegan demasiado rápido a la realidad y es imposible plantearse realidades futuras, como hizo en su día Julio Verne, porque antes de terminar el libro ya están presentes en la realidad.
– Fantasía. “Como decía David Lynch, «el mundo es un lugar muy extraño». Me fascinan, por ejemplo, las cintas de transporte en los aeropuertos. También las plantas de plástico, ¿existe algo más contradictorio que una planta de plástico?”
– Temáticas: “Se ha escrito poco sobre ETA, por ejemplo -hablo de ficción-; y tenemos toneladas de papel escritas sobre la guerra civil que ocurrió hace setenta años”.
– Una pequeña lección: “La escritura es un proceso de entorpecimiento de la idea: la puedes tener muy clara en la cabeza, pero al papel siempre llega de otra manera”
– Algunos autores mencionados: Don DeLillo, Philip Roth, Julio Verne, Fernando Aramburu, Michel Houellebecq, Stendhal, Jorge Luis Borges, William Faulkner.

Filosofía actual

– “El progreso tecnológico no ha redundado en un progreso de la felicidad”
– “¿Por qué trabajamos tantas horas? Los bantú, por ejemplo, trabajan durante cuatro horas y tienen el resto para su vida personal”
– “El mundo actual es muy plástico y está en ebullición, es muy difícil contarlo teniendo en cuenta una sola historia”.

Geopolítica

– “Occidente ha creado una gran despensa de dolor en todo el mundo durante siglos, es lógico que se rebelen los aplastados.”
– “El imperio romano no cayó en un día, ocurrió de manera gradual y porque se agotó en sí mismo”, y continuó, al hilo: “Estamos viviendo un proceso de crisis en las formas de convivencia actuales”.
– “La peor idea que ha instalado occidente es que la historia había terminado, que habíamos llegado al modelo perfecto”. La democracia y el mercado, se refiere. Pero la historia no ha terminado, como demostraron aquellos locos que “irrumpieron en nuestra fortaleza a lomos de unos jinetes muy raros que destrozaron uno de los símbolos de nuestro poder”.
– “Sólo somos democráticos hacia adentro”. Aquí cierra la dicusión y volvemos al primer punto sobre geopolítica: “Occidente ha acumulado mucho dolor que al final se ha dado la vuelta”.

Su charla podría dar para una tesis, pero hay que intentar abreviar. Yo creo que no lo he conseguido.