Archivo de la categoría: Poesía

Mercedes Cebrián – Sobre el poder

Debéis saber que dirijo
mi propia publicación,
una revista de números impares.

Por más que me insistáis no habrá número dos, ni un especial
Cumplimos Veinte Números.
El nueve, un monográfico dedicado a los pares
contiene referencias, cientos de véases, de
tal como señalamos en el número ocho.

¿Se os ocurre otra forma más sutil
de poder?

El malestar al alcance de todos
Mercedes Cebrián (2004)

Qué sorpresa encontrarme con Mercedes Cebrián.

El libro combina cuentos y poemas. Aunque yo soy más de prosa, también soy un lector comprensivo, así que me leí ambos. Y todos son irónicos, como para morirte de la risa y luego llorar. O viceversa. El caso es que me gustan, y por eso los traigo aquí (un momento, si yo soy más de relatos, ¿por qué he colgado un poema?).

Ya he regalado dos ejemplares.

Mario Benedetti – Así sea

“Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardíacos
y de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como un certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.”

Defensa de la alegría
Mario Benedetti

Mantengo la promesa de defenderla, aunque días como hoy cuesta.

Pensarás que por fin has escapado del exilio.

Te equivocas.

La realidad es que ya se te echa de menos en casa.

Agur, Jaunak.

 

Palabras de la historia que no conocimos


Cementerio de Morette-Gliéres, 1944

No reivindicaron
más privilegio que el de morir
para que el aire fuese
más libre en las alturas
y los hombres más libres.

Ahora yacen,
con su nombre o anónimos,
al pie de Glières y ante la roca pura
que presenció su sacrificio.

Hombres
de España entre los muertos
de la Alta Saboya:
ellos lucharon por su luz visible,
su solar o sus hijos, más vosotros
sólo por la esperanza.

La nieve aún dura prodigiosamente
viva en el aire mismo
donde morir fue un puro
acto de fe o de supervivencia.

¿Quién podría decir que murieron en vano?
Al cielo roto y a la tierra vacía,
a los pueblos de España,
a Herbás, a Mula, a todas
las islas Baleares,
a Mendavia, Viñuelas,
Ambrán, La Almunia,
Terrecampe, Tembleque,
devuelvo el nombre de sus hijos:

Félix
Belloso Colmenar, Patricio
Roda, Gabriel Reynes o Gaby, Victoriano
Ursúa, Pablo Hernández,
Avelino Escudero,
Paulino Fontava, Florián Andújar,
Manuel Corps Moraleda.

Otros duermen tal vez
bajo una cruz desnuda, lejos
de su país, de su memoria, donde
todos los muertos son
un solo cuerpo ardiente:
carne nuestra, palabra,
historia nuestra que no conocimos,
sangre sonora de la libertad.

José Ángel Valente

El sendero de los españoles es una preciosa loma situada en la Alta Saboya, a 1.440 metros de altitud. Allí murieron, en plena segunda guerra mundial, 129 guerrilleros, muchos de ellos republicanos españoles. Aquí nos han hablado siempre de ellos como los maquis. Pero ahora sé que ese nombre lo recibieron de manos de los fascistas y que se trataba de un apodo despectivo en otro ejemplo de insulto que la historia convierte en halago. 10.000 soldados del ejército nazi acabaron con estos guerrilleros en la primera mitad de 1944.

Ni con una guerra perdida, ni fuera de su país, dejarían de luchar los exiliados por unas ideas. Pensaron que si vencían a Hitler, caería Franco y todos los gobiernos totalitarios. Sólo ocurrió lo primero y los que sobrevivieron lo hicieron lejos y dispersos. La España Desterrada que alguien se empeña en que no conozcamos.

Me siento interpelado por este poema de Valente. En el antepenúltimo verso, donde dice “palabra“, es como si pidiera la mía. Y la de todos los que hagamos algo por evitar que se olviden estas vidas. Para evitar que sigan ganando los de siempre.