Archivo mensual: marzo 2009

Palabras de la historia que no conocimos


Cementerio de Morette-Gliéres, 1944

No reivindicaron
más privilegio que el de morir
para que el aire fuese
más libre en las alturas
y los hombres más libres.

Ahora yacen,
con su nombre o anónimos,
al pie de Glières y ante la roca pura
que presenció su sacrificio.

Hombres
de España entre los muertos
de la Alta Saboya:
ellos lucharon por su luz visible,
su solar o sus hijos, más vosotros
sólo por la esperanza.

La nieve aún dura prodigiosamente
viva en el aire mismo
donde morir fue un puro
acto de fe o de supervivencia.

¿Quién podría decir que murieron en vano?
Al cielo roto y a la tierra vacía,
a los pueblos de España,
a Herbás, a Mula, a todas
las islas Baleares,
a Mendavia, Viñuelas,
Ambrán, La Almunia,
Terrecampe, Tembleque,
devuelvo el nombre de sus hijos:

Félix
Belloso Colmenar, Patricio
Roda, Gabriel Reynes o Gaby, Victoriano
Ursúa, Pablo Hernández,
Avelino Escudero,
Paulino Fontava, Florián Andújar,
Manuel Corps Moraleda.

Otros duermen tal vez
bajo una cruz desnuda, lejos
de su país, de su memoria, donde
todos los muertos son
un solo cuerpo ardiente:
carne nuestra, palabra,
historia nuestra que no conocimos,
sangre sonora de la libertad.

José Ángel Valente

El sendero de los españoles es una preciosa loma situada en la Alta Saboya, a 1.440 metros de altitud. Allí murieron, en plena segunda guerra mundial, 129 guerrilleros, muchos de ellos republicanos españoles. Aquí nos han hablado siempre de ellos como los maquis. Pero ahora sé que ese nombre lo recibieron de manos de los fascistas y que se trataba de un apodo despectivo en otro ejemplo de insulto que la historia convierte en halago. 10.000 soldados del ejército nazi acabaron con estos guerrilleros en la primera mitad de 1944.

Ni con una guerra perdida, ni fuera de su país, dejarían de luchar los exiliados por unas ideas. Pensaron que si vencían a Hitler, caería Franco y todos los gobiernos totalitarios. Sólo ocurrió lo primero y los que sobrevivieron lo hicieron lejos y dispersos. La España Desterrada que alguien se empeña en que no conozcamos.

Me siento interpelado por este poema de Valente. En el antepenúltimo verso, donde dice “palabra“, es como si pidiera la mía. Y la de todos los que hagamos algo por evitar que se olviden estas vidas. Para evitar que sigan ganando los de siempre.

La isla de los milagros

“Hoy en la isla ha ocurrido un milagro: el verano se adelantó. Puse la cama cerca de la pileta de natación y estuve bañándome, hasta muy tarde. Era imposible dormir. Dos o tres minutos afuera bastaban para convertir en sudor el agua que debía protegerme de la espantosa calma. A la madrugada me despertó un fonógrafo. No pude volver al museo, a buscar las cosas. Huí por las barrancas. Estoy en los bajos del sur, entre plantas acuáticas, indignado por los mosquitos, con el mar o sucios arroyos hasta la cintura, viendo que anticipé absurdamente mi huida. Creo que esa gente no vino a buscarme; tal vez no me hayan visto. Pero sigo mi destino; estoy desprovisto de todo, confinado al lugar más escaso, menos habitable de la isla; a pantanos que el mar suprime una vez por semana.

Escribo esto para dejar testimonio del adverso milagro.”

La invención de Morel (1940)
Adolfo Bioy Casares
Hoy, un clásico para recuperar el hilo literario del blog, que las circunstancias que me soliviantan lo habían llevado por otros derroteros. Esto no quiere decir que deje de cabrearme con las historias de la debacle. Tampoco pienso dejar de hacer partícipe a todo el que me lea de mis malas tragaderas para con ciertas prácticas neoliberales, los mafiosos que las realizan, y las teorías buenrollistas sobre las que se esconden.

Bueno, a Adolfo Bioy Casares, que él sólo se curró este librito breve, uno los textos más enriquecedores que se puede llevar alguien a los ojos. La primera frase es para enmarcar: “Hoy en la isla ha ocurrido un milagro: el verano se adelantó”. A partir de aquí, Bioy Casares engancha al lector y lo pone a bailar al ritmo que él marca. Ahora realismo mágico con un cielo con dos lunas; ahora ciencia ficción clásica, sí, de aquella de Julio Verne con una máquina de proyectar personas; luego reflexiones sobre la esencia del alma y la vida… A pensar toca, que dirían en mi pueblo. Al final del libro, el lector sólo quiere que el artificio pare de producir deshumanizadas vidas.

La vida literaria de Bioy Casares transcurrió a la sombra del gran Jorge Luis Borges. Hay a quien sorprende cómo pudo soportar las frecuentes comparaciones con respecto al talento del creador de El Aleph, en las que los críticos siempre lo colocaban en el escalón de debajo. Quizás esta novela fue su dulce venganza ante la crítica.

“He discutido con el autor los pormenores de la trama, la he releído; no me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta”. El propio Borges comentó el libro en un prologo que cerró con estas palabras. Bioy Casares se situó, a partir de entonces, entre los grandes de la literatura universal.

¡Ah! Los fans de Lost -Perdidos-, la serie de televisión que se ha convertido en un fenómeno de masas en el mundo entero, no pueden perderse La invención de Morel. La serie trata sobre unos supervivientes de un accidente de avión que aparecen en una isla perdida del pacífico sur. Sawyer, uno de los protagonistas, aparece leyendo este libro en la cuarta temporada. Quién sabe si alguno de los enigmas de la saga tendrá alguna relación con lo que ocurre en el libro.

Literatura urgente

Dicen que la palabra es un arma poderosa.Hay veces que es necesario defenderse con ella, pues.

Guendulain, Navarra. Municipio prácticamente inexistente con la única particularidad de que tiene una iglesia y un palacio abandonados. Además, está al lado de Pamplona.

En el año 2005, 42 empresas promotoras crean un lobby que plantea construir 19.000 viviendas en terreno rústico. No sólo prospera la idea, sino que son las propias empresas quienes dictan las reglas del juego y comienzan la planificación de una nueva ciudad con espacio suficiente para meter a una cuarta parte de la población actual de Pamplona. Los políticos ponen el culo y el terreno se vuelve urbanizable. Ni siquiera el hecho de que la autopista recién inaugurada Pamplona-Logroño pase por medio del proyecto es un problema. Con dinero público, se cambia de sitio el tramo que molesta, y solucionado. Se pone en marcha Desarrollo Sostenible -el nombre le viene al pelo-, otro gran pelotazo en época de bonanza.

2008, en plena caída libre, todavía hay quien sigue defendiendo el proyecto. Incluso, lo venden como una operación superútil en la que el gobierno poco menos que va a timar a las constructoras. Qué pobres.

Año 2009, la crisis ya dura unos meses y los que construyen -construían- ven que no se van a vender 19.000 pisos allí. Urge solución y PSN y UPN la ponen en bandeja: os recompramos los terrenos a precio de 2005 (90 millones de euros).

Una actualización de última hora -cortesía de Davinho-: las promotoras, en un alarde de generosidad y buen rollo, proponen al ejecutivo la recompra de todos los terrenos y acciones de Desarrollo Sostenible al inigualable precio de 200 millones de euros. Así sólo obtienen beneficios de un 100% y se olvidan de los disgustos que han tenido que sufrir los pobrecicos.

Son años oyendo que ellos ganan mucho dinero, sí, pero es porque arriesgan todo. Ellos son los que tiran del carro de la economía, los que hacen las grandes inversiones, los que consiguen que el país funcione y todos vivamos mejor. Es la única recompensa que tienen al hecho tan altruista de poner en riesgo todo su patrimonio… por eso tenemos que entender los pobres proletarios que ellos se lleven la mayor parte de nuestro dinero.

¿Y ahora qué?

Ahora que su castillo de naipes se desmorona por todas las esquinas, ahora que se hace cierto lo que nos decían de que ellos asumían los riesgos, nos vuelven a pedir nuestro dinero porque si no lo pierden todo. ¿Dónde está el riesgo, entonces, sobre el que los pobres proletarios comprendimos y justificamos sus aberrantes ganancias? Esta situación demuestra que el riesgo que ellos corrían era CERO, riesgo cero. Y con riesgo cero no se entiende, en base a sus propias teorías, que se hayan estado forrando impunemente durante más de diez años. Y qué bien se disfrazaban de democracia y utilidad. Como ahora, qué bien ponen ahora cara de corderitos, y dicen que si no se les ayuda tendrán que echar a los pobres empleados. Esos empleados que de todas maneras VAN A ACABAR EN LA CALLE porque ya no les hacen falta si no se construyen más edificios.

Ya no cuela.


Señores:

Muchos hemos llegado no sólo a entender, sino también defender vuestras mentiras. Hemos vivido en ellas. Hemos llegado a creernos, no sin dudas, esa entelequia del libre mercado y su labor socializadora de la riqueza. Incluso llegamos a creer que empresas y bancos eran las garantes de nuestro sistema de vida insolidario. Nos hemos subido en el carro de buscar nuestra riqueza de la manera en que ustedes decían, labrándonos una carrera profesional -asco de eufemismo-, de endeudarnos hasta las cejas porque era LO QUE HABÍA QUE HACER.

Y ahora, en la demostración de que todo lo que decíais es mentira, yo ya no me creo nada más que venga de vuestras bocas.

Ya no cuento con vosotros.

Que os den por el culo.


Romance anónimo del bando Republicano. 1936.

Quiero un pueblo con labranza,
con industria, con caminos,
por donde anden sus vecinos
con holgura y sin holganza.

Pueblo, en fin, con las ventajas
de las prácticas modernas,
con más granjas que tabernas,
con más virtudes que alhajas.

Sin viles pasiones bajas,
sin resabios ni secuelas,
con más libros que barajas,
más aperos que vihuelas,
con poquísimas navajas
y muchísimas escuelas.

Romances populares y anónimos de la guerra de España
Ed. Calambur
Maryse Bertrand de Muñoz

Hay una iniciativa en Navarra, no sé bien de dónde ha partido, que recoge firmas -pinchad aquí, en el link con falta de ortografía- para evitar que se recompren, con dinero público, los terrenos que estos especuladores pretendían convertir en oro.

Espero que pronto estemos todos en la calle para evitar este atraco.

Don DeLillo – Porque la crisis viene de hace mucho

“-El futuro es siempre una totalidad, una igualdad absoluta. Allí todos seremos altos, fuertes, felices -dijo ella-. Por eso fracasa el futuro. Siempre fracasa. Nunca podrá ser ese lugar cruelmente feliz en que aspiramos a convertirlo.

Alguien arrojó una papelera contra la ventanilla posterior. Kinski hurtó el cuerpo sólo un ápice, inmediatamente al oeste, pasado Broadway, los manifestantes habían erigido barricadas de neumáticos en llamas. En todo momento, en todo lugar parecía existir un plan rector, una meta. La policía lanzaba balas de goma en medio de la humareda, que ya ascendía por encima de los carteles publicitarios. Otro policía se hallaba a escasos metros, ayudando al equipo de seguridad de Eric en la protección del automóvil. No supo qué sentir a ese respecto.

-¿Cómo sabremos cuándo habrá llegado oficialmente el final de la era de la globalización?

Aguardó la respuesta.

-Cuando las limusinas extralargas comiencen a desaparecer de las calles de Manhattan.

Unos hombres orinaban contra el automóvil. Las mujeres lanzaban botellas de refrescos rellenas de arena.

-Esto es una muestra de ira controlada, diría yo. Pero me pregunto qué sucedería si supieran que el mandamás de Packer Capital se encuentra a bordo del automóvil.

Ella lo dijo con maldad, encendidos los ojos. Los ojos de los manifestantes resplandecían entre los pañuelos rojinegros con que se cubrían la cabeza y se tapaban la cara. ¿Los envidiaba? En las ventanillas blindadas a prueba de balas se pintaban grietas finas como un cabello, y tal vez pensó que le gustaría estar ahí fuera, destrozándolo todo.

-Toda esa gente trabaja para ti. Actúan de acuerdo con las condiciones contractuales que impones -dijo ella-. Si te matan, será sólo porque tú lo has permitido, con tu arrobada reticencia, como forma de subrayar una y mil veces la idea de que todos estamos a las órdenes de alguien.

-¿Qué idea es esa?

El bamboleo fue a peor. La observaba seguir los bandazos de su vaso de lado a lado, antes de dar un trago.

-La destrucción -dijo ella.

En uno de los monitores vio figuras que descendían por una superficie vertical. Le costó un momento entender que bajaban en rappel por la fachada del edificio de enfrente, donde estaban situados los visualizadores digitales del mercado de valores.

-Ya sabes lo que siempre han creído los anarquistas.

-Sí.

-Pues dímelo -dijo ella.

-El afán de destruir es un afán creador.

-Ése es también el sello distintivo del pensamiento capitalista. La destrucción forzosa. Es preciso eliminar sin contemplaciones las industrias anticuadas. Hay que reclamar a la fuerza nuevos mercados. Es necesario reexplotar los mercados anticuados. Destruyamos el pasado, construyamos el futuro.”

Cosmópolis (2003)
Don DeLillo
Ed. Seix Barral
Págs. 112-114
Cuando uno lee este fragmento en los tiempos que corren, insertos en la crisis económica más dura de la historia, con los hombres de negocios y sus secuaces siguiendo aquella conocida máxima de “coge el dinero y corre” -como mencioné en aquel iracundo post-, uno se alegra, pese a su conocido carácter pacífico, de ver que a veces hay quien también escribe reacciones violentas contra el poder establecido. Bancos ardiendo, multitudes tomando la calle, asaltos a las sedes de las principales empresas, ataques a las limusinas que inundan Manhattan… un escenario que parece cada vez menos lejos de la realidad.Pero claro, eso no pasará. Los mecanismos del sistema todavía mantienen su poder aletargador para evitar manifestaciones de ira colectiva.

Aunque, bueno, la dirección de momento parece la correcta. Algunas pistas para la reflexión.

En pleno centro de Pamplona, la rica, rancia y conservadora ciudad donde vivo, me he encontrado esa foto que pongo encima. “Abajo los bancos, arriba el sexo”, dice. ¿Será obra de un graffitero que ha mostrado su desencanto sobre el sistema? Eso quiere parecer, pero a mí no me cuadra mucho. Es raro esta pintada a unos veinte metros de El Corte Inglés. Me da a mí que nos están engañando, que los intereses del autor de esa pintada son más espúreos. O sea,que es una treta comercial. Quizás como la Cocacola en su entrañable y vomitivo anuncio del viejito de 102 años. Pese a las casi seguras dobles intenciones del autor de la pintada, vamos a sacar algo positivo. Algún estudioso del marketing, en su afán por vender, se ha dado cuenta de que la gente enfoca su odio hacia un objeto determinado: los bancos. Es un dato.

Después uno mira este vídeo de youtube, donde aparecen unos activistas tirando bolas de nieve a ejecutivos de un banco británico y piensa… uy! pues algo más cerca estamos de que la gente despierte. De momento, esa manifestación se ha quedado en lo simbólico, en un inocente jugueteo que sólo quiere hacer patente el enfado de la sociedad. Cierto, pero otra vez muestra el destino de nuestra ira: el sistema financiero.

¿De ahí a que la descontrolemos -la ira, me refiero- cuánto queda? Don DeLillo publicó Cosmópolis en ¡2003!. Entonces todo iba bien en el mundo y la economía. Vivíamos como reyes -nosotros los primermundistas, todo hay que decirlo-. Y entonces ya supo dibujar una situación de clases medias venidas a menos rebelándose contra los ricos y poderosos, atacando virulentamente sus posesiones, asesinando banqueros y empresarios. ¿Cómo pudo imaginar este escenario? ¿Es DeLillo un profeta? ¿Irán las cosas tan a peor que llegaremos a ese extremo?

Julián Rodríguez – Que alguien me devuelva la lírica

“La noche anterior fui a ver al Muerto.Lo habían trasladado a la habitación 202: sólo una cama estrecha con mil botones en su cabecero. Y el gotero a un lado. Y al otro, una máquina provista de una pantalla digital.

En realidad el Muerto aún no había muerto, pero ya lo estaban enterrando: a la puerta de la habitación hablaban del nicho, de las coronas de flores, de cuánto costaría todo aquello.

Al Muerto, calcularon, le quedaban siete días de vida. Suficientes para crear el mundo, pensé.

Él no sabía que iba a morir, nadie se lo había dicho. Aunque podía esperárselo: había adelgazado treinta kilos y su piel tenía un color amarillento. Y su barriga era lo único terso, tirante como la de una embarazada, en todo aquel cuerpo. Y tartamudeaba: las palabras iban y venían por su boca y por sus fosas nasales: un airecillo que olía a agua sucia. Dentro de él, había dicho el cirujano después de coserlo, estaba todo podrido.

No podemos hacer nada, prometió.

Una promesa fácil de cumplir.”

Ninguna necesidad (2006)
Julián Rodríguez
Me imagino que, cuando Julián Rodríguez terminó el libro, pensó: ahí queda eso.

Ninguna necesidad es un libro que cuenta una semana de espera: los siete días que los médicos han dado al amigo que agoniza en el hospital. Pero lo hace sin mencionar ese drama irrespirable, sin buscar la empatía ni la pena del lector. Por momentos parece que pajarea, que baila sobre historias poco importantes, historias que rodean al meollo del libro, lo rozan discretamente y pasan de largo. Y sin embargo, nos va atornillando página a página una sensación de angustia que no explota hasta que leemos la última línea.

Julián Rodríguezaquí un enlace a su blog- es uno de esos escritores que escriben para sí mismos. No está pendiente de qué pensarán sus lectores ni de ser el más ingenioso. Arroja conceptos fríos, descarnados, sin adornos. Los deja, como brasas ardiendo sobre las manos abiertas y desnudas, y se va. Supongo que entonces piensa: ahí queda eso.

Todos los que leemos tenemos que tocar un día a Julián Rodríguez. La propuesta es novedosa y efectiva. Y lo mejor es que no lo hace como aquellos que buscan la divinidad o liderar una generación. Son sólo letras y el ansia de ir más allá.

Esta historia, que ganó el Premio Ojo Crítico de Narrativa en 2006, es una de las que componen el libro Lo improbable y otras novelas, de la editorial DeBolsillo. Las otras dos, igual de breves, austeras y brutales, son Lo improbable y La sombra y la penumbra.

Vázquez Montalbán – Tiras de humor catalán

“«El cuerpo de un desconocido aparece en un descampado de la Trinidad». «Ha sido identificado como el de Carlos Stuart Pedrell». «Se había despedido de su familia hace un año pretextando un viaje a Polinesia».

-¿Pretextando? ¿Necesitaba pretextar?

– Ya sabe usted lo que es el lenguaje periodístico. La impropiedad personificada.

Trató Carvalho mentalmente de personificar la impropiedad sin conseguirlo.

Los mares del sur (1979)
Manuel Vázquez Montalbán
Manuel Vázquez Montalbán fue mejor periodista que escritor. Esa es la opinión más extendida por este inabarcable mundo de las letras, y yo de entrada estoy de acuerdo. Primero porque le leí muchísimas columnas periodísticas que eran tan certeras como fáciles de entender. Y segundo, porque no conozco ningún libro suyo que los críticos sitúen entre los imprescindibles de la literatura.

Pese a esto, MVM tuvo la agilidad de idear un personaje con una personalidad propia bien definida: Pepe Carvalho. El detective, protagonista de Los mares del sur entre otras muchas, está plagado de contradicciones que le dan una personalidad única: famoso es su gusto por la buena gastronomía, algo que le gusta más que su propio oficio; como también es conocido que hace años que dejó de leer libros, tanto que incluso suele quemar de vez en cuando alguno, como gesto simbólico.

Y sobre todo, tanto el personaje como las obras en las que participa destilan humor por los cuatro costados. Gags como el transcrito inundan toda la novela, y muestran una forma de escribir ágil y divertida que ha creado escuela, sobre todo en Cataluña. De rasgos similares son algunas novelas de Eduardo Mendoza o la celebrada en su día Lo mejor que le puede pasar a un cruasán, de Pablo Tusset -cuya versión cinematográfica es de lo más desastroso del cine español-.

Pues eso, que en un blog que pretende ser elevado introduzco una novela que a los eruditos, sin duda, les parecerá culturalmente pobre. Pero es que la risa y pasar buenos ratos también son parte de nuestra vida, ¿o no? Como decía, quizás al hilo de esta cuestión, el gran Javier Krahe: “No todo va a ser follar, también habrá que saltar a la pata coja o coleccionar sellos de Nigeria”.