Archivo de la categoría: Ricardo Menéndez Salmón

El arte como prueba

“Porque creo que el artista, como quería Joan Miró, debe plantearse su tarea desde la mayor de las ambiciones, con todo el orgullo posible, para ejecutarla con la mayor de las humildades, desde la convicción de que, casi siempre, el territorio del arte es el fracaso.”

Quimera (Julio-Agosto 2009)
Ricardo Menéndez Salmón

Quimera es una revista con muchas letras. Esta perogrullada es, sin duda, lo que mi primo pensaría de esta revista literaria -de hecho, es lo que dice cada vez que le mando un mail y no se lo lee-. Entre las letras de Quimera suele haber información interesante, a veces cierta petulancia -bien documentada, eso sí-, y en otras ocasiones joyas capaces de resumir años de estudio en unas pocas páginas. Creo que esto último es lo que ocurre con el artículo que acabo de extractar, de Ricardo Menéndez Salmón, publicado en el número doble de verano.

A Menéndez Salmón le he leído otros artículos, pero creo que en éste ha estado especialmente sembrado. Ya sabemos que es un autor al que tengo en gran estima -a partir de un párrafo suyo se me ocurrió la idea de funcionamiento de este blog-, y el interés con el que leo lo que escribe es siempre, por tanto, el máximo.

En este artículo, titulado de forma un tanto académica “Hacia una poética de la decantación”, el autor asturiano realiza una bien armada reflexión sobre el papel de la novela o la literatura en el mundo y la historia. “Una vez la filosofía ha fracasado en su empeño por captar la totalidad”, asevera Salmón, la novela “se convierte en una suerte de gran cedazo que, por decantación, es capaz de retener en su fondo los posos decisivos de nuestra conciencia y los ejes axiales que vertebran la contemporaneidad”. O sea, que es en los posos de la literatura donde, por encima de cualquier otro arte o ciencia, mejor podemos vislumbrar los rasgos característicos de una época.

“Si mi hija me pidiera algún día que le contara cómo era la España en la que su padre pasó sus primeros años”, continúa el autor, “le diría que leyera una novela, por ejemplo Romanticismo, de Manuel Longares. Si mi hija me pidiera algún día que le contara cómo era la España en la que ella nació, le diría que leyera una novela, por ejemplo Crematorio, de Rafael Chirbes. Si los extraterrestres algún día quisieran saber a qué se parecía este planeta llamado Tierra durante el siglo XX, no les invitaría a que escucharan la música de Shostakóvich o la de Joy Division, sino a que leyeran las novelas de Kafka o las de Kureishi.”

Parece mentira que, en dos páginas, haya tres referencias que me resultan imprescindibles y me quede la sensación de que me dejo mucho por contar. Es una muestra de lo condensado de este artículo.

Para los que os interesa de verdad la literatura -que sois todos los que habéis llegado hasta aquí, me imagino-, os aconsejo que busquéis la Quimera de julio y agosto y leáis a Menéndez Salmón. Si la compráis, mejor, así damos dinero -siete euros- para que una de las publicaciones literarias de mayor calidad siga funcionando. Si, de todas maneras, a alguno le jode gastarse el tercer cubata del sábado en cultura, que la pida a la biblioteca pública del barrio y entre todos pagaremos, gustosos, esta necesaria adquisición.

 

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Menéndez Salmón – Íntimo y personal

“Pero allí, en un rincón de la noche invernal, con el cántico de las aguas en mis oídos, acaté mi pequeña tarea, mis trabajos y días sobre la miseria y la grandeza ajenas, y sólo acerté a apretar a Zoe contra mi pecho, como si así, con el latido de mi corazón en sus encías, mi mujer pudiera sentirse más amada, más venerable, más protegida que a través de cualquier palabra con la que yo me hubiera atrevido a nombrarla, a expresarla, a intentar apropiarme de ella.

Supe así que sólo poseía aquel gesto para recordarle cuánto la amaba. Y supe también que aquel pequeño gesto me redimía de toda la poesía del mundo, de todas las grandes, bellas, inútiles palabras que nos rodean.”

El corrector (2009)
Ricardo Menéndez Salmón
He aquí unas bellísimas palabras de un libro escrito con la precisión a que nos tiene acostumbrados el escritor asturiano. La lástima es que creo que El corrector no será recordado tanto por su cuidado lenguaje como porque no alcanzó las expectativas que se habían puesto sobre él.

Ricardo Menéndez Salmón siempre escribe pulcro, como si cada palabra que anota la hubiera escogido tras desechar todas las demás. En cada libro suyo encontramos frases que apuntan al centro mismo de las ideas, que condensan el máximo significado que una combinación de letras y espacios puede alcanzar.

Pero a sus habituales ya no nos basta con eso. Le pedimos siempre más. Pedimos que corone una trilogía como la que cierra este libro con una obra magistral, que nos sorprenda, que nos resquebraje. Y no lo ha hecho. La ofensa, el primer relato de su saga sobre el mal, consiguió llevarnos a cotas intelectuales poco habituales en una novedad. Derrumbe mantuvo el tipo y abrió un canal en nuestro interior hacia el asco y la desolación. Algo más esperábamos de El corrector, algo más que una cuidada reflexión individual sobre aquello que ocurrió el 11-M de 2004 en España.

Y no nos lo ha dado esta vez. Y así pagamos los fieles, con la crítica. Y, por supuesto, con la promesa de que leeremos lo siguiente que salga de la pluma del que continúa siendo uno de los escritores más finos en nuestra lengua.

Sobre las mentiras del 11-M

Ricardo Menéndez Salmón

Foto: Iban Aguinaga
El corrector, el libro con el que Ricardo Menéndez Salmón cierra su trilogía sobre el mal, tratará sobre los atentados del 11-M en Madrid y sale a la venta el 17 de febrero. El lunes estuvo de visita en la Universidad Pública de Navarra, el autor, y desveló algunas líneas del libro que da la impresión de que van a ayudar a revivir polémicas hoy enterradas.

No espero, de todas maneras, un acercamiento histórico a la cuestión. Sería desconocer la trayectoria del autor. Espero, más bien, finas reflexiones sobre algunos aspectos de aquellos atentados que, como agujas de acupuntor, nos hagan sentir rabia, asco, miedo, odio… nos hagan sentir, a secas, habilidad que Menéndez Salmón se empeña en compartir libro tras libro.

Como adelanto, acerco unas perlas que nos soltó en la charla.

Sobre El corrector:

1.- “Trata sobre una de las formas en que se presenta el mal: la mentira.” O sea, que va a tratar sobre las mentiras de un gobierno que, con el sucio fin de aferrarse al poder, pretendió sumir al país en un pozo informativo distinto de lo que la realidad impuso finalmente. “Pretendo hablar sobre otro tipo de mal, el mal de la manipulación política”, extendió.

2.- “El corrector es una novela intimista con ciertos momentos de autobiografía”. Menéndez Salmón se ganaba la vida como corrector de textos. “De todo tipo”, explicó con cierta ironía sobre los textos que corregía. Por eso lo del título, El corrector, y de ahí el inicio de la novela: cómo él vivió aquel día imborrable en la historia del país. “Contará, en cierta manera, cómo viví yo aquellos en mi oficina”.

3.- “No pretende ser la gran novela sobre el 11-M en España, no tiene nada que ver con El hombre del salto, de Don DeLillo”, aclaró, por si algunos pensaban que Menéndez Salmón transmutaría su estilo, dejaría de lado el simbolismo y la fantasía y se convertiría en un biógrafo social.

En La ofensa habló sobre la guerra, en Derrumbe sobre el miedo y en El corrector lo hará sobre la mentira. Tres de las manifestaciones del mal, según el autor de la saga. Yo espero con ansia el tercero para ver si cumple con lo que se espera de él.

Ricardo Menéndez Salmón no tiene pelos en la lengua, le gusta meter el dedo en la llaga y hurgar hasta tocar hueso. O hasta que le devuelvan el puñetazo. De momento, cuenta con la ventaja de que la cultura literaria en España es más bien discreta, y se circunscribe a ciertos best-sellers políticamente intachables. De esta manera escribir puede hacer el mismo daño que enviar un mensaje en una botella al océano.

Pero Menéndez Salmón ya no es un desconocido, un autor novel. La próxima será su sexta novela, más dos libros de relatos y unos cuarenta premios literarios en su haber. Ahora la botella es más fácil que encuentre su destino y el mensaje llega adonde no se quiera oír. Y será polémico. Y saltarán las huestes de la mentira y la manipulación a por él.

Por lo menos eso espero, que salten, que le den toda la publicidad que merece su habilidad literaria.

Algunas otros temas de los que habló.

Literatura

– Sobre calidad en la literatura. “Pretendo escribir buenos libros”
– Ciencia ficción. “Casi todos los autores actuales escriben novelas de corte cercano al realismo”. Es muy difícil, según Menéndez Salmón escribir ahora novelas de ciencia ficción. Los avances llegan demasiado rápido a la realidad y es imposible plantearse realidades futuras, como hizo en su día Julio Verne, porque antes de terminar el libro ya están presentes en la realidad.
– Fantasía. “Como decía David Lynch, «el mundo es un lugar muy extraño». Me fascinan, por ejemplo, las cintas de transporte en los aeropuertos. También las plantas de plástico, ¿existe algo más contradictorio que una planta de plástico?”
– Temáticas: “Se ha escrito poco sobre ETA, por ejemplo -hablo de ficción-; y tenemos toneladas de papel escritas sobre la guerra civil que ocurrió hace setenta años”.
– Una pequeña lección: “La escritura es un proceso de entorpecimiento de la idea: la puedes tener muy clara en la cabeza, pero al papel siempre llega de otra manera”
– Algunos autores mencionados: Don DeLillo, Philip Roth, Julio Verne, Fernando Aramburu, Michel Houellebecq, Stendhal, Jorge Luis Borges, William Faulkner.

Filosofía actual

– “El progreso tecnológico no ha redundado en un progreso de la felicidad”
– “¿Por qué trabajamos tantas horas? Los bantú, por ejemplo, trabajan durante cuatro horas y tienen el resto para su vida personal”
– “El mundo actual es muy plástico y está en ebullición, es muy difícil contarlo teniendo en cuenta una sola historia”.

Geopolítica

– “Occidente ha creado una gran despensa de dolor en todo el mundo durante siglos, es lógico que se rebelen los aplastados.”
– “El imperio romano no cayó en un día, ocurrió de manera gradual y porque se agotó en sí mismo”, y continuó, al hilo: “Estamos viviendo un proceso de crisis en las formas de convivencia actuales”.
– “La peor idea que ha instalado occidente es que la historia había terminado, que habíamos llegado al modelo perfecto”. La democracia y el mercado, se refiere. Pero la historia no ha terminado, como demostraron aquellos locos que “irrumpieron en nuestra fortaleza a lomos de unos jinetes muy raros que destrozaron uno de los símbolos de nuestro poder”.
– “Sólo somos democráticos hacia adentro”. Aquí cierra la dicusión y volvemos al primer punto sobre geopolítica: “Occidente ha acumulado mucho dolor que al final se ha dado la vuelta”.

Su charla podría dar para una tesis, pero hay que intentar abreviar. Yo creo que no lo he conseguido.

Hoy nos visita…

Ricardo Menéndez Salmón

Por si alguien no sabe quién es, pongo enlace a su página en la wikipedia.

De momento sólo me he leído dos de sus novelas, La ofensa y Derrumbe. La segunda es la que me llevó a empezar este blog, un camino todavía en busca de amigos y sentido, pero con toda la energía por gastar.

La primera, una obra maestra en tres actos que recomiendo a todo el amigo de las letras que pesan, esas que llevan detrás conceptos atrevidos y horas de estudio.

En cuanto me reponga de su visita daré cuenta de todo lo que nos ha contado…

Menéndez Salmón – Mi primer asesinato

“Disparó y la cabeza rebotó y vio cómo los ojos se nutrían por última vez de un sorbo de luz y cómo luego se iban tiñendo de sombras -sombras en las que pudo ver su propio reflejo con el brazo aún extendido- y cómo finalmente se apagaban igual que una estrella lejana que parpadea con inusitada fuerza antes de extinguirse para siempre concentrando en ese último brillo todo lo que un día fue: su esplendor, su mérito, su excelencia; la asombrosa y asombrada evidencia de haber sentido, de haber gozado, de haber reído: de haber sido.

Luego se acercó al hombre y lo rodeó y olió su sangre fresca y se llevó a la boca un rastro de huesos y de cuero cabelludo y allí erguido, en pie como un tótem oscuro, en la habitación apenas iluminada por la luz de gasa de las viejas farolas de época, cualquiera que lo hubiera visto mientras saboreaba aquel puñado de materia confusa habría sentido la tentación de escapar muy lejos y muy deprisa.”

Derrumbe
Ricardo Menéndez Salmón

Abro fuego en este blog con uno de los fragmentos de novela que más me ha sorprendido en los últimos meses. Derrumbe es el último e impactante libro de Ricardo Menéndez Salmón, publicado en septiembre de este 2008.

De lenguaje cuidado y espectacular en todos sus párrafos, una primera lectura permite darse cuenta de que todas las palabras han sido escogidas meticulosamente, que ninguna de ellas está impresa por azar. Casi como si de un relato largo se tratara.

Uno abre los libros con avidez: espera confirmar una recomendación, o descubrir las inquieturdes del autor, o dejarse llevar en el mundo pactado. Y entonces, con esa inocencia con que se acerca, casi sonriente, a las páginas; con esa inocencia se lleva la bofetada que regala el autor en su primera página. En ese momento es cuando Derrumbe se convierte en el libro intenso, valiente y evocador que siempre se quiere leer.

Dicen que la lectura supone experiencia. Entonces, Derrumbe es como coger un avión con todas sus turbulencias. Que cada uno haga con su cinturón de seguridad lo que le plazca.