Mi cruda Barcelona

Dejé por completo Barcelona hace ya casi tres años. Desde entonces, vuelvo poco y de manera desordenada, según me dictan mis impulsos. El autobús de regreso a Pamplona, ese desagradable lugar donde intento recopilar emociones y experiencias, me ancla en el pecho, una y otra vez, la misma sensación imposible de definir.

Por un lado Barcelona y sus contradicciones, los complejos de sus gentes, sus discursos manidos y vacíos ya de contenido. Por otro, ese mediterráneo que se cuela hasta por las calles más angostas y hace más vivas las flores, esa luz que aclara y colorea los ojos… esa ciudad que se defiende por sí sola de tantos ataques.

Llegan de varias formas, los ataques. Los hay externos, los que vienen de una España que asusta, la ignorante, apisonadora y monolingüe; estos son los que alimentan y hacen más orgullosa a Barcelona. Y los ataques internos, los de los luchadores por el aldeanismo, la pureza y el seny que ja fa temps que no serveix; son los que más le duelen, la avergüenzan y la intentan pudrir.

“ANDRÉS (Sacudido de ira).- Vete al cuerno también, tú con Barcelona… Me vas a venir a enseñar tú a mí… Me importan tres pitos Barcelona y la cultura y las narices… Barcelona, Barcelona… aquí lo que sois todos es unos desgraciaos que os han vuelto maricas con tanta estupidez… Mecachis en mi negra suerte… en qué mala hora vine yo a esta tierra… Que estoy de los catalanes hasta los cataplines y de vosotros, que sois peores que ellos, porque os habéis hecho peores que ellos.”

El lunes por la noche hice el que hasta el momento es mi último trayecto Barcelona-Pamplona. Entre otras, me había llevado una obra de teatro para leer en el autobús: La batalla del Verdún, de José Mª Rodríguez Méndez. Un retrato de Barcelona desde el barrio de Verdún, asentamiento de inmigrantes en los años de la postguerra y que forma parte de los nueve barrios (Nou Barris). Mientras leía la obra me convertí un poquito en todos aquellos recién llegados.

Inmigrante fui yo hace casi siete años. Llegué sin miedo, desde Madrid. Allí había vivido mis últimos años, en esa jauja de la juerga, la velocidad y el buen rollo que es la capital. Y me topé con ella, con la Barcelona de la personalidad, la que actúa como un imán de dos polos. Uno de ellos atrae y anima a luchar por formar parte de ella; el otro repele y pincha y siempre hace sentir como un inmigrante, siempre de fuera, ajeno, lejano e incapaz.

“ÁNGEL (Ensimismado en la contemplación de la ciudad).- Mira, mira, aquellas luces son las de Horta…, aquellas otras las del Carmelo… Más allá Pedralbes, Coll-Blanch, Casa Antúnez… Los barrios alegres…
CHAVAL 2.- Sí que es verdad, tú. Barcelona está rodeada de alegría…”

Desde allí arriba, desde lejos, contemplaba yo los barrios, los elegantes y los decrépitos, los de la borsa que sona y los de las navajas. Como tantos ciudadanos pequeñitos, ignorados, superados por la imagen de confianza que transmite Barcelona y acompleja a sus habitantes. Vivir en Barcelona es como un exceso de responsabilidad, una carga que requiere aprendizaje y energía. De ahí tantos errores, tantas batallas inútiles, tantos rumbos fracasados que la hacen, alternativamente, días paleta y días refinada.


“CHAVAL 1.- Como que Barcelona es mucha Barcelona, tú…, hay cada pájaro.”

Así iba yo en el autobús. Y así la lectura de esta obra de teatro, La batalla del Verdún, de este escritor tan poco conocido, Rodríguez Méndez, ayudaba a encauzar tantas incongruencias en mis opiniones.


“ANDRÉS (Luego de limpiarse los labios).– Cada uno tiene que espabilarse… Aquí no estamos en el pueblo… Barcelona es para los hombres. Hay que luchar.”

Hostil, Barcelona se alimenta de todo lo que tiene cada uno. Quita vida, dinero, trabajo, horas y disfrute. No es comprensiva y sí cruel. Y sin embargo, se aguanta y se pelea. Y a la recompensa, si llega, la dicen intangible pero se hace palpable.


“ANDRÉS.- Ya no saldremos nunca más de Barcelona… Nos hemos hecho un hueco…
CARMELA.- ¡Qué bien!”

Eso pensé yo un tiempo, que me quedaría allí. Y sonreía de satisfacción. Luego no fue así y quizás, gracias a haberme ido, he podido tomar distancia y comprensión.

Ahora cada vez que vuelvo refresco aquella sensación contradictoria. Y la miro desde lejos, con cariño y aliviado. La vida en pequeñito tiene sus satisfacciones y yo hace mucho que no recibo dentelladas. Eso sí, una cosa tengo clara. La próxima vez, en cuanto el autobús frene en la estación de Sants y ponga pie en tierra, me sentiré guapo de nuevo. La miraré, como siempre, preciosa, y sonreiré.


“CHAVAL 2.- A las chavalas, a lo primero, Barcelona les favorece, tú…”

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13 Respuestas a “Mi cruda Barcelona

  1. Las ciudades y sus microcosmos. Pequeñas historias difíciles de unir.

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  2. Jo, me ha encantado, quizás porque siempre que voy a Barcelona me quedo como desinflada, con esa sensación que se te queda cuando la gente te alaba mucho algo y te quedas con ganas de más

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  3. Hola amigo:Barcelona crea dependencia…En mi caso, soy barcelonesa, pero hace más de veinte años que no vivo en Cataluña; y fue después de estar ausente de la Ciudad Condal por años, cuando la retomo con interés, paseando por sus calles redescubriéndola en toda su magnitud, y en toso su esplendor!Un abrazo Zeberio!:)

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  4. Hola, venía a devolverte la visita y me encuentro con un espacio tremendamente interesante. Veo que es una delicia para ratones de bibliotecas como es mi caso, así que tendré que perderme por tus estanterias.Barcelona me encanta,y ha sido un placer leer tu entrada; por cierto no conozco nada de Rodríguez Méndez, pero intentaré remediarlo. En diez días viajaré de Madrid a Barcelona y es un buen momento para leerle. Ya te contaré.Volveré por aquí, saludos.

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  5. Barcelona guapa de cara y terrible de perfil. Magda Bonet

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  6. Gracias a todos por los comentarios.Supersalvajuan: como me comentó alguien, a propósito de esta entrada, a través del facebook, “visión dura y muy personal”. Efectivamente, dos mundos difíciles de unir.Madame, Sibyla y Magda: no puedo estar más de acuerdo. Cuando llegué a Bcn me cansé de oír loas de la ciudad… hasta que acabé haciéndolo yo también. Engancha, cierto, crea adicción. Quizás sea por aquello de que de cara es dulce y su perfil duele que no podamos dejar de pensar en ella.Ernesto: me alegro de que te guste el blog. Realmente es como lo describes, “para ratones de bibliotecas”. Seguiremos leyéndonos.

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  7. Me encanta. Personal y cercano. Resulta muy agradable leerte. Yo no puedo hablar de técnica literaria pero si de sensaciones y esto que he leído a mi me parece que las transmite limpiamente.

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  8. P. En esa Europa, Barcelona recibe un bofetón: una ciudad falsa, “como una vieja puta con peluca morada”.R. El turismo la ha convertido en una caricatura de sí misma; se trata de ser más Barcelona que ella misma, con más diseño, más glamour… Y eso le pasa porque se ha convertido en un producto que, como tal, debe venderse; el último ejemplo es la plaza dedicada a Vázquez Montalbán en el Raval, con un hotel de lujo en medio. Eso ocurre por la pérdida de la memoria, signo de los tiempos.ENTREVISTA: EL LIBRO DE LA SEMANA Mathias Enard”Siempre hay que saber sobre qué cadáveres anda uno”Carles Geli 14/03/2009

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  9. Una cosilla, nou barris NO tinen nueve barrios, tiene 14. Muchas gracias

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  10. Gracias por el apunte, anónimo. No sabía cuántos barrios lo formaban. Lo que me imagino es que en origen habrían sido nueve, no? Digo por su nombre…

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  11. Yo también me siento más guapa cada mes, cuando me bajo en Nord y dejo atrás mi vida en pequeñito. Aunque ayuda que al bajar me espere un incondicional “quanto sei bella”. :)Aunque sepa que por mucho que rasque y rasque en el esmalte que envuelve a Barcelona, pocas veces encuentre su uña.pd: y con este último comentario, ahora sí, nanit.

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  12. Nou barris:El barrio se formo a consecuencia del boom migratorio que hubo sobre los años 60 en la ciudad de Barcelona. Debido a la falta de espacio, la ciudad empezó a crecer y las antiguas zonas rurales de la periferia, se convirtieron en nuevos barrios para acoger a los trabajadores y trabajadoras venidos de todos los lugares de la península.El nombre del Distrito de Nou Barris tiene su origen en el título de una revista editada a principios de los años 70, por la primera asociación de vecinos del nuevo barrio. La carismática revista centralizó durante tiempo las luchas y protestas vecinales por las eminentes carencias estructurales y de servicios de este nuevo espacio de la ciudad.El Distrito administrativo limita con los barrios de Sant Andrés, Horta-Guinardo y con las poblaciones al este de Santa Coloma de Gramanet y al norte de Montcada i Reixac y lo forman catorce barrios: Can Peguera, Canyelles, Ciutat Meridiana, Guineueta, Porta, Prosperitat, Roquetes, Torre Baró, Torre Llobeta, Trinitat Nova, Turó de la Peira, Vallbona, Verdum i Vilapicina.

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  13. Gracias, anónimo.Una puntualización: la revista se llamaba Nou Barris porque eran barrios del distrito 9 de la ciudad. O sea, ni para ti ni para mí.Nou no se puede referir a Nuevo, como ocurre en el caso del Camp Nou, porque habría un error de concordancia de número: no se puede decir “Nuevo barrios”, que sería el caso.Así que son los barrios del distrito 9, els Nou Barris. Que serán 14, vaya, o los que sea, pero nou viene de 9.Un saludo.

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