Lecciones de narrativa (I)

“En narrativa, el lirismo contenido produce magia.

El lirismo sin freno, trucos.”


Andrés Neuman

Para verborreicos y adjetivadores sin fin, los que escriben grave porque la literatura es seria, los que no corrigen porque el arte es espontaneidad, los que pretenden demostrar profundidad y sapiencia.

Dejémonos de trucos.

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3 Respuestas a “Lecciones de narrativa (I)

  1. Ayer entré para dejarte comentarios, pero me fue imposible, tu servidor se negaba rotundamente. Parece que hou hubo más suerte.Te diré que conozco personalmente a Andrés Neuman, pues fue compañero de Facultad de mi marido; y pienso que se le atribuye más mérito e importancia que el que verdaderamente merece.Saludos:)

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  2. Sibyla: No sé qué le pudo pasar al servidor, es la primera noticia que tengo de que no haya dejado escribir comentarios. Espero que no suceda a menudo, porque sería una pena perder las opiniones de otros, que es lo que más ilusión hace de tener un blog.Respecto a Andrés Neuman, no tengo la suerte de conocerlo personalmente, pero sí que tengo la vaga sensación de que ha ganado más prestigio gracias a sus cursos y charlas sobre narrativa que a su obra literaria.La cita que pongo, al margen de filias y fobias, me pareció interesante. Sobre todo aplicable a aquellos que buscan más la filigrana que el mensaje, el mérito más que la calidad.Muchas gracias por tus comentarios.

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  3. Esta entrada, unida a la conversación pre-alcohólica de ayer sobre el “arte”, me han recordado al siguiente capítulo de Rayuela (del que espero hagas tu crítica, aunque no lo veo muy en tu onda literaria):”Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpaso en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balpamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias”.El arte de comunicar Arte con las palabras, que no con el lenguaje, como la mayoría intentan. Me repito en la idea de “lo que importa es la mirada”.

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